LA CUBA FUTURA.
Por Zoé Valdés.

LA CUBA FUTURA: UNA PRESUNCIÓN O UNA INTERROGANTE.
Hace ya varios años la autorización de ventas de ollas de presión y de telefonía móvil, así como la de ciclomotores, la permisión a los cubanos para alquilar en los hoteles bajo tarifas máximas, y otras tantas promesas de esa índole -que hubieran provocado burlas y risas en cualquier otro país del mundo libre-, asombró a defensores de los derechos humanos e incluso a ciudadanos no cubanos de a pie. Lo vieron como los síntomas de que por fin llegaban los tan esperados cambios a Cuba. ¿Se hubieran podido considerar esos cambios irrisorios como la antesala para un futuro mejor en la isla? Absolutamente no. Pero el mundo confundió un cierto confort con la libertad.
Que Raúl Castro, de quien conocemos bien su curriculum vitae, o más bien ‘mortae’, haya sustituido a su hermano Fidel Castro, en lo que constituyó una sucesión dinástico comunista, al estilo coreano, fue otra imposición que no vino solamente desde el Comité Central, sino de una cierta presión de estabilidad mundial; además los cubanos amantes de la libertad y del desarrollo debíamos verlo como cambios sustanciales de una férrea dictadura o tiranía hacia una presunta democracia. Se nos exigió que aceptáramos. Hubo quienes aceptaron. Yo desde luego que no.
En reiteradas ocasiones he leído artículos jubilosos que mencionan cambios, ¿qué cambios pudo o pudiera hacer Raúl Castro y cualquiera de sus vástagos y nietos? ¿Qué cambios aparte de nombrar a una pieza movible a su antojo como lo fue Miguel Díaz-Canel más tarde? Además, ¿se habrían aplaudido de semejante modo los supuestos cambios de un Jorge Rafael Videla en Argentina o un Gustavo Leigh Guzmán, segundo militar en la Junta militar pinochetista? ¿Entonces, por qué los cubanos debíamos hacernos ilusiones con Raúl Castro, uno de los militares más represivos y criminales de la historia de Cuba, de Sudamérica y del mundo? ¿Por qué el segundo hombre bajo la tiranía castrista, designado por su hermano, el propio tirano, con el objetivo de darle continuidad ideológica, política y militar a aquel engendro, tendría que inspirarnos confianza? De ninguna manera.
Por supuesto, otra interrogante se impuso y se impone: ¿por qué el pueblo cubano no se tira a las calles con la intención de protestar en contra del tirano II? Es lo que muchos se preguntan. Respondo: probablemente sea por miedo, o por oportunismo, debido a las medidas represivas que durante más de sesenta y siete años han deformado la personalidad y la psicología del cubano, ninguneándola. Sin embargo, lo hicieron el 11 y 12 de julio del 2021, entonces tampoco el mundo nos apoyó, y Estados Unidos gobernado por el anciano y decrépito Joe Biden nos dio la espalda.
Cuando fue derribado el comunismo en los “hermanos” o hermanastros países comunistas del Este de Europa, y el CAME se convirtió en un Capitalismo Ansiado Muy Extremo para la URSS, y que nos dejaron de enviar por un tubo y siete llaves todo lo vencido y despreciado por los ‘bolos’ (soviéticos) el régimen recurrió a quien ya habían ido adobando y entrenando desde hacía décadas, a Hugo Chávez y su tan ambicionada Venezuela. Inacio Lula da Silva, presidente de Brasil, con el Foro de Sao Paulo (creación conjunta de Castro I y Lula en 1990), y Chávez facilitaron el trecho a los Castro hacia otra vía de sustentación, pero sobre todo de enriquecimiento personal; lo que dio ímpetus a la nomenklatura comunista en la isla para recurvar a las viejas fórmulas y renovadas tendencias admirativas por el fachocomunismo que habían sentido en una época, sobre todo un joven Castro I en su lectura de ‘Mi Lucha’ de Adolf Hitler. Las técnicas fascistas inspiradas por el comunismo afloraron en la primavera del 2003, encarcelamientos y fusilamientos de tres jóvenes negros juzgados y asesinados en menos de cuarenta y ocho horas dieron nombre a la Primavera Negra de Cuba.
Durante la Primavera de Cuba fueron encarcelados 75 opositores pacíficos, entre los que se encontraban periodistas, poetas, bibliotecarios independientes, artistas, campesinos, opositores; se les celebraron juicios sumarísimos y fueron condenados a penas de entre 6 y 28 años de cárceles. Las acusaciones eran delirantes: recibir instrucciones del enemigo y ser ‘agentes de una potencia extranjera’. Cincuenta y nueve de ellos tardaron años en ser semi liberados bajo ‘licencia extrapenal’ (modalidad castro-comunista) y desterrados en una vergonzosa negociación con el gobierno español de José Luis Rodríguez Zapatero. En esa época la totalidad de presos políticos era de 242. Los Castro pretendían, como habían hecho en el pasado, canjear presos por medidas y prebendas a su favor por parte de los gobiernos democráticos europeos, con quienes siempre han negociado créditos altamente desfavorables para los patronatos y economía de esos países. En la actualidad la cifra de presos de consciencia se eleva a 1 207 encarcelados bajo altísimas condenas, 39 de ellos entraron siendo menores de edad debido a su participación en el 11J.
Fidel Castro al morir de muerte natural muy cómodo en su cama no dejó más que un legado plagado de errores concretos en política nacional, en lo social, en la economía interna, aunque ha sido el mayor especialista de marketing revolucionario de la historia de la humanidad. Creó un producto desbordante de falsas ilusiones (valga la redundancia): la revolución castrista, la guerra de guerrillas, la rebeldía guevarista, en dos palabras el terrorismo, que vendió descaradamente al mundo, y que el mundo le compró ilusionado y hasta satisfecho como si hubieran hecho el negocio del siglo. Además de una lista de muertes, desaparecidos, crímenes, fusilamientos, y exiliados, que pocos países tan pequeños, ni siquiera grandes, pudieran pretender.
El legado de Castro I, siendo tan descabellado, se instauró con éxito durante décadas en Sudamérica y ya se ha logrado con también con éxito en España; las primeras pruebas fueron aquellas agresiones físicas, pretendidas lapidaciones, contra miembros del partido VOX en Vallecas, Madrid; eso sin mirar hacia Cataluña… El viejo sueño del tirano de conquistar países sudamericanos y continentes mediante el uso de la ideología castro-comunista triunfó y sigue haciéndolo, no podemos asegurar su perdurabilidad, pero ahí están agarrados, y cuando agarran no sueltan. Seguramente habrán observado en el pasado a Evo Morales en Bolivia, Nicolás Maduro -ahora en proceso de enjuiciamiento en Estados Unidos junto a Cilia Flores, su esposa, por narcotráfico- en Venezuela, Daniel Ortega en Nicaragua, Rafael Correa en Ecuador, Cristina Kirchner en Argentina, AMLO y Claudia Sheinbaum en México, Lula da Silva en Brasil, Bachelet en Chile, Pedro Sánchez en España, todos llegados al poder mediante una democracia populista y fraudulenta, devota del castrismo. En Francia con Emmanuel Macron se implanta el “populisme chic”. Menos mal que el espectro empezó a cambiar con Nayib Bukele en El Salvador, Javier Milei y La Libertad Avanza en Argentina, Santiago Peña en Paraguay, José Antonio Kast en Chile, etcétera…
Aparte del espantoso e inseguro legado que acabo de citar -ya sobrepasado, por suerte en algunos sitios-, ¿qué otra virtud valedera dejó Fidel Castro? Ninguna. Cero. Particularmente yo no salvo absolutamente nada de la llamada revolución “cubana” que no fue más que un retorcido invento castrista. La primera razón para no hacerlo es que la idea de esa revolución cubana se implantó encima de una mentira colosal, de una desviación absoluta de la verdad y de la historial real de Cuba.
No éramos el país más pobre, no éramos el país más corrupto, no éramos el país menos democrático, no vivíamos en el más horrendo sistema social de Sudamérica ni del mundo. Para probarlo escribí un libro editado por Planeta en el 2008, ‘La Ficción Fidel’. Antes de que yo lo hiciera ya otros habían manifestado estos puntos de vista de distintas maneras, por ejemplo el economista e historiador cubano Leví Marrero, incluso lo subrayaron, dieron su vida por ello. ¿Se les oyó, se les hizo caso? No. Al igual que a mí se les acusó de traidores, de insensatos, de fascistas. Varios compatriotas murieron en el exilio intentado aclarar el verdadero pasado de Cuba antes de Castro. Resulta imperdonable que sus voces no hayan sido escuchadas ni reconocidas.
Pero volvamos a la actualidad cubana. Cierto es que ya nadie cree en nadie, y no sólo en la cúpula dirigente, ni siquiera en ese colectivismo masivo de a porfía, la oposición ha perdido credibilidad y la desconfianza reina. El país completamente arruinado, las familias más desunidas que nunca, el exilio constituye ya más del veinte por ciento de la población y es un exilio bastante desasido del original, las desigualdades, el racismo (ahora antiblanco dentro de los grupos marginales), el machismo y el hembrismo intelectualizados y lanzados como boomerang y movimiento, el igualitarismo, la desconfianza, han paralizado la fuerza natural emprendedora del cubano, han mermado su espontaneidad, le han borrado la visión de que la vida es ahora o nunca.
Pudiera ser demasiado tarde para detener o retirar la cuenta de tantos errores. La cuenta la pagamos ya muchos, e incluso también la están cobrando algunos en el círculo mismo del poder. Ellos lo saben, muy dentro de sí mismos lo reconocen, que la única posibilidad es un cambio limpio y radical, un chapeo transparente, profunda reiniciación económica, que respete primero los derechos humanos del ciudadano. Sin libertad no habrá país.
Los que ostentan el poder conocen que sin un proceso radical sin reservas y abriéndose verdaderamente al mundo como pidió Juan Pablo II con Estados Unidos y con Europa no existirá claridad para una Cuba futura, y ese reencuentro debe ir precedido de la retirada completa de la familia Castro, en peso, y de sus secuaces. Un Nuremberg del comunismo debiera estrenarse definitivamente en Cuba.
Esto si hablamos de una forma pacífica, porque como algunos saben yo también apoyaría una intervención militar quirúrgica que acabe con el mal de raíz.
Estas dos opciones constituirían para los exiliados y opositores una auténtica propuesta. Para Raúl Castro y su marioneta resultaría sin embargo una embarazosa interrogante, aun sabiendo que serían las primeras soluciones de adopción. ¿Se atreverían a asumirlas? Lo dudo. Dudo de un acuerdo, cualquiera que sea y se firme, y dudaba de un gobierno extranjero valiente que quiera desembarazarnos de cuajo de estas piltrafas. Estados Unidos no era lo que fue, menos con Joe Biden y Kamala Harris, o sea, con Barack Hussein Obama. Pero llegó Donald Trump, y mandó a parar.
La Cuba futura: ¿Otro Congreso, otra jubilación? ¿Otro paripé?
Para que ese reencuentro abierto con el mundo mencionado antes pueda cumplirse de forma cabal, con veracidad y con un sentido justo deben apartarse de una vez las tretas de las posibles medidas venideras pendientes de dilucidar en congresos y de las jubilaciones de sus carcamales dirigentes; de hecho, el Partido Comunista tendría que desaparecer de una vez y por todas.
Una vez que esto sea un hecho factible, y de facto a la par de esas soluciones reales debieran ir: la liberación de los presos políticos, aceptación y respeto de los derechos humanos, libertad de expresión y de manifestación, regreso a la Ley y el Orden, mediante la Constitución de 1940 que Castro no revocó -sólo impuso otras-, y que debiera existir al menos durante cinco años antes de que se proceda a su modificación o reescritura de una nueva Constitución. Habría que ir más lejos, luego de consumados estos anhelos necesarios por constituir derechos, Raúl Castro no sólo debiera jubilarse como se supone que prometió en cada Congreso del Partido Comunista de Cuba, además debiera despojar de cargos políticos al resto de su familia, y dar paso a la instauración del pluripartidismo, enseguida entregarse a las autoridades para ser juzgado en Estados Unidos, como conlleva el hecho de haber asesinado a los cuatro jóvenes de Hermanos al Rescate cuando ordenó tumbar las avionetas en las que volaban, tratando de salvar la vida de balseros, encima de aguas internacionales; sólo así tendría sentido que la Iglesia los perdone y se hable entonces de desmantelamiento de un sistema de apoyo a la reconstrucción de todo un país con el que hay que contar. Porque la Iglesia olvida -menos Juan Pablo II todos los Papas lo han obviado- que no se trata de responsar a los que no estemos de acuerdo con el perdón, y el borrón y cuenta nueva; sino que se trata de comprendernos, de entender nuestro dolor y sacrificio: de ejercer la debida punición mediante la justicia, con la debida justicia que merecen los que les han destrozado sus vidas y sus sueños.
Aceptar la democracia estaría muy bien, pero no sin antes se ejerza el peso de la Ley. El ejemplo de antiguos países del Este, ex comunistas, les asegura que nada tendrían que temer. Pero el Nuremberg del comunismo todavía está pendiente.
Sinceramente, no creo que Castro II esté preparado para ese tipo de proyecto individual, pues su propio modelo de desgobierno negó y niega este orden de posibilidades. La Iglesia debiera reconocer que no debiera existir tregua con estos criminales, por mucho que ahora estos marxistas sanguinarios se acerquen a la religión tirando del perdón eclesiástico, que no es el mismo que el de Dios. En el perdón de Dios está la fe, que a ellos les ha faltado y de la que se han burlado siempre.
Otras interrogantes, que pudieran derivarse de las anteriores, con la vía castrista de por medio, sería la presunta propuesta (la vía disidente y del exilio): supongamos que Raúl Castro desaparezca por fin en un plazo relativamente corto de tiempo, por cualquier razón. ¿Estarían la oposición interna y el exilio capacitados para irrumpir en el plano internacional, en la alta política, sin la ideología única que conocen y les apisona el pensamiento? ¿Sin esa ideología de discursos demagógicos, sin esas manipulaciones politiqueras baratas? ¿Estaremos capacitados para organizarnos, garantizar la democracia plural sin populismos, avanzar hacia modelos de mercados en los que se respeten los derechos humanos que no esclavicen aún más a la población? ¿Quedarían ímpetus para la diversidad de ideas, prácticas libres del pensamiento, autenticidad de palabra, promesas leales y respetables con la población cubana que puedan ser puestos rigurosamente al servicio del desarrollo económico y social? ¿Cuánto durarán las secuelas psicológicas del castrismo, teniendo en cuenta que la mayor tortura ha sido la de la destrucción de la personalidad, y que esta tortura se ha aplicado con excesiva y eficiente sutilidad?
Nuestro país posee una historia, no sólo una historia social, no solamente tuvimos y tenemos «héroes de mil batallas», hemos tenido grandes científicos, escritores, artistas, pensadores, genios en la economía, sabios empresarios, luminosos emprendedores, y una tradición republicana y democrática antes y después del cuartelazo de 1952, porque sabido es que Fulgencio Batista y Zaldívar convocó nuevamente a elecciones en 1953 y luego en diciembre de 1958 ganó el candidato liberal Andrés Rivero Agüero. Elecciones malogradas, sí, todo sea dicho y recordado, por el terrorismo de los rebeldes revoltosos que triunfaron en 1959, quienes fueron los que destajaron de un golpe rotundo las vías democrática y republicana.
Me gustaría suponer que la mayoría de los cubanos estaríamos dispuestos a una transición pacífica, a un cambio rápido y radical con moderación e inteligencia. Lo que sí es seguro sería que los que no están dispuestos son los mandantes y los «pactantes», como los ha llamado Guillermo ‘Coco’ Fariñas Hernández, líder de FANTU (Foro Antitotalitario Unido). Cierto es que un cambio radical implicaría que habría que remodelarse la legislatura y la Constitución del 40 -pasados cinco años-, las posteriores no pueden vincularse a nada, porque nada puede ser posible en el sentido de la libertad y de la democracia republicana con las leyes y la constitución castristas vigentes. Y esa regulación es lo que quisieran evitar los que se han apoderado de Cuba desde hace más de medio siglo.
Sin embargo, soy de la opinión que los cubanos debieran sentirse dispuestos también a una liberación de corte brusco. Más vale rojo una vez que amarillo cien veces. Eternizarse en el amarillo ya sabemos lo que trae. Chinerías u oligarquías dispuestas a todo.
Hace un tiempo leí en un periódico -conservo el recorte- que se había permitido en Cuba el derecho a la vivienda, ¿sin el estado? Me pregunté al tiempo que leía… ¿Todavía seguirán los cubanos comprando sus viviendas al 50 por ciento con el estado que se las decomisa cuando le dé la gana? Al irme al exilio perdí dos apartamentos: el de mi madre y el mío. Los dos pagados, y aunque a un precio módico relativamente, no me pertenecían al 100 por ciento. La prueba es que en aquel tiempo (1995) no pude venderlos porque el estado no lo consentía (al parecer eso ha variado), tampoco pude donárselos a un familiar, y mucho menos a un amigo. Para que en la Cuba futura la gente sienta que vive en libertad las leyes de propiedad privada deben ser reestructuradas. ¿Quién posee algo en Cuba de verdad? Nadie. Ni siquiera la entrega de parcelas de tierra a los campesinos significa nada. ¿Pueden esos campesinos vender libremente el producto de sus tierras? No, sólo al estado, quien a su vez le revende al pueblo, en calidad de intermediario y cuyos beneficios son apabullantes. ¿No merece que para que esto se acabe de una vez dejemos de ponernos amarillos una eternidad?
No pienso, como se ha dicho tantas veces, que los antiguos propietarios en el exilio regresen masivamente a Cuba con el ánimo de reclamar y de despojar a nadie de lo que les perteneció porque se lo ganaron con su trabajo, aunque ¿y por qué no? Hace algún tiempo también vi una película dirigida por el músico y compositor Michel Legrand, titulada ‘4 juin’, con relación a ese día específico de la Liberación de Francia de la Ocupación alemana, en la historia un hombre regresaba a su casa abandonada después de huir de los nazis, y se encontraba la vivienda como mismo la dejó; entonces volvió a ocuparla porque era suya, era la casa familiar. ¿Por qué no pudieran acontecer hechos semejantes en Cuba? Los cubanos que fueron expropiados debieran reclamar todo a través de indemnizaciones y con intereses. Es su derecho. Además, lo que dejaron está casi todo en ruinas. De lo que quedó intacto, que es lo que precisamente cayó en manos de instituciones castristas, ah, eso sería ya otro cantar. Ahí sí debe de haber recuperación, y no sólo; ahí debe de haber remuneración de por vida a sus familiares y herederos.
Mi abuela, hija de mambí, recibió del gobierno de Batista una pensión de por vida por haber sido hija de mambí, o sea, heredera de una gloria, lo que le fue arrebatado por el régimen de Fidel Castro en cuanto tomó el poder. Pues el castrismo ha sido una larga y espantosa guerra en contra de los cubanos, eso debiéramos también tomarlo en cuenta a la hora de replantearnos exigencias de nuestros derechos.
¿Acaso los que fueron expropiados, vandalizados, robados, no merecen una compensación razonable en acuerdo con la justicia funcional? Que pudiera ser viable mediante distintos métodos muy reales y posibles en el mundo actual. ¿Será cierto que algunos líderes de la oposición en el exilio han roto esa esperanza comprándose en secreto residencias en la isla? ¡¿Cómo lo hicieron sin el contubernio con el régimen?!
Para que la sociedad cubana se entere, y sobre todo perciba el cambio radical, debe disfrutar no sólo de la mejoría, por encima de todo de la transparencia, de la verdad política, sin ello no existiría libertad radical. No solamente de una mejoría económica, caso de que la hubiere, al mismo nivel de un cambio social profundo. Nada más real para recuperar un correcto sistema de salud del que se beneficien todos que adoptar modelos de elección, como en el capitalismo, que los hay, existen, y son en numerosos casos, ejemplares. La salud debiera liberarse en el neocapitalismo cubano.
En esa Cuba futura la palabra clave es Libertad. Liberar a los presos, liberar la economía, liberar la sociedad, eliminar tabúes concebidos desde una única ideología y no desde las ideas prolíferas. Lo primero, desde luego, es liberar el poder y entregarlo a los cubanos, o a plazo medio a un intermediario que proceda a entregar el mando a los cubanos.
No existe ya nada que buscar en el pasado más reciente de naturaleza castrista, como no sea el aprendizaje sobre el horror, la experiencia nefasta de una concepción negada de la historia y de la humanidad. De lo malo también se aprende. Aportaría poco alimentar rencores perennes y acudir a la venganza sin vergüenza como liberación individual, pero no debemos olvidar lo que nos ocurrió, y que también el rencor y la venganza son formas justicieras humanas. Para vengarnos con vergüenza existen la justicia y los tribunales penales internacionales, como ha ocurrido con otros tiranos; pero con los tiranos de Cuba esos tribunales penales hasta ahora han hecho oídos sordos, han mirado hacia otro lado. De ahí que debamos pensar y constituir nuestro Nuremberg.
Sin la justicia no podríamos reconstruirnos moral y humanamente, tampoco económica, política y socialmente. Con venganza, un derecho, y con vergüenza, preferiblemente mediante la justicia, sí. De lo contrario no serviría de nada haberlo ni siquiera intentado.
La Cuba futura: ¿Una isla fuera del mundo?
En numerosas ocasiones he tenido que oír por parte de personas que viven en el mundo libre que Cuba es ni más ni menos como cualquier otro país, pero además maravillosa y cívica. No he podido callarme, y he respondido con la intransigencia de la realidad. Sé que no estamos perfectamente preparados para rehacer un país, porque esa perfección no ha existido jamás. Pero al menos, permitan que los cubanos lo decidan en libertad y democracia. Dejen que Cuba sea un país libre por nuestra diversidad de ideas y no con las impuestas por nadie ajeno a nuestra tragedia. Pediría inclusive que sea hasta un país corriente, sin esos traumas del “faro de Sudamérica”, ni el “más antiimperialista del planeta”…
En primer orden porque todos esos epítetos supuestamente gloriosos, muy a lo imperialismo comunista chino, no son ni fueron patrimonio del castrismo. Cuba fue verdaderamente faro de Iberoamérica -desde su economía floreciente y vital- a partir de 1957 en que se colocó entre los tres países mejor desarrollados económicamente en Sudamérica (el término América Latina es, como ya he escrito más de una vez, un invento francés). En cuanto al antiimperialismo del pueblo cubano, creo que siempre lo fue, para su peor desgracia; ese ha sido sin dudas desde la no aceptación cien por cien de la criollez tras la Conquista uno de sus grandes fallos.
Que Cuba devenga un país normal será posible en la medida en que los cubanos seamos capaces de serlo y de reconstruirnos como seres capacitados para lo normal. El castrismo nos inoculó el complejo de ser el ombligo del mundo, y un miedo injustificado al capitalismo, tras haber vivido bajo un capitalismo republicano próspero. A ese veneno se han sumado varios países colaboradores del régimen, siendo ellos mismos capitalistas. No pocos europeos lamentan que la isla cambie radicalmente hacia el nuevo capitalismo porque entonces se volvería insostenible el entendimiento amo-esclavo, que es lo que al final les interesa que sigamos siendo: esclavos.
No advierten que los Castro hundieron a esa isla en la miseria, y la solución que encontraron luego, para sacarla de la miseria, ha sido la de un capitalismo salvaje en el que sólo se beneficien ellos, y para el pueblo: miseria con pachanga. Los que así piensan, debieran admitir, que lo que se les acabará a todos será precisamente esa pachanga mal pagada, la cogedera de mangos bajitos, la ‘Grantanamera’ a costa de la libertad de los cubanos (por lo que en esto incluyo a una cierta oposición).
¿Por qué no tendríamos también derecho a un capitalismo normal y justo, con libertades, pluripartidismo y democracia, o un neocapitalismo que haría la envidia del resto del planeta? Es hora de que lideren personas cuerdas, no descerebrados, y mucho menos tome el mando otra vez una banda de exhibicionistas y bullangueros. Es hora de que los deseos ajenos cesen de ser órdenes impuestas para los cubanos de a pie que deban cumplir sin derecho a protesta. Seamos honestos, entre un mundo totalitario y un mundo capitalista, no hay dibujo que lo supere, el segundo ha proporcionado mejores y las más humanas y adecuadas propuestas a la humanidad.
Podríamos sospechar, sin obstante, que en el proceso de liberación y democratización varios compatriotas quedarán al campo, muertos en vida -si me entienden bien-, pero esos serán los que han vivido cegados e inertes, con la fe anclada, en el castrismo unos, y otros con la fe recostada en las modas dentro de la oposición, o los que habrán renunciado a la esperanza de otras vías posibles, y a la dignidad que les facilitaría devenir individuos libres.
Raúl Castro tiene casi cien años, no está ya en condiciones; pero creó escuela, como su hermano. Para desgracia de Cuba esa escuela castrista es una realidad empotrada en los cerebros, la raulista, en los bolsillos. De esos cerebros habrá que desempotrar el adoctrinamiento que ha durado más de sesenta y siete años y que ellos vaticinan ahora mediante su propaganda que durará sesenta y dos milenios. De sacar la démarche raulista de los bolsillos será más difícil. Si no actuamos, no lo duden que así será, que aquello se eternizará por esas dos vías. Con lo cual, el debate político debe ser liberado, las buenas costumbres en política que tienen que ver mucho con la lealtad y la vergüenza, deben ponerse en práctica de inmediato.
Los reiterativos congresos del PCC no variaron ni un ápice de lo que habían propuesto desde su ideología comunista como discurso, esa misma declaración de retahíla de fervores revolucionarios, los que confunden con los deberes patriotas, no es más que un compte rendu cual termómetro para medir el estado de opinión, sin más. Sospecho que el próximo Congreso seguirá las mismas pautas, en caso de que Donald Trump y Marco Rubio no lleguen a tiempo para evitárnoslo.
No sólo los presos no han sido liberados, además la oposición los olvida para sumarse a la bachata de las detenciones espectaculares que a veces no duran ni una hora. La diversidad social no puede confundirse con la variedad social, como tampoco la gran política debiera confundirse con la varieté de los incultos y vanidosos influencers que se enriquecen al mismo nivel que el castrismo a costa del dolor de los cubanos. Lo diverso calcula la cantidad, refiriéndose también al contenido y su calidad. En la variedad, el contenido resulta imprescindible, pero no así la cantidad, y la calidad entonces sería preferiblemente excluyente. En política la variedad es populismo a pulso. La diversidad se ocupa de que seamos considerados valiosos en los medios de la alta política internacional. Los cubanos cada día se alejan más de esa posibilidad con sus actitudes reacias de devolverle a Cuba la nitidez de la Perla de las Antillas que otrora fue. Make Cuba The Pearl Again.
Aquellas medidas raulistas que tanto la gente esperó (menos yo) cuando Castro II tomó el poder y que con Obama se suponía se harían posibles, ni siquiera asomaron la cabeza, no aliviaron en nada el malestar de la población porque sencillamente no existieron. Por el contrario, se instauró un malestar cada vez más generalizado y también más minimizado y devaluado como pena y desdicha nacional. El malestar ha ido agudizándose para beneplácito de los que con él se enriquecen, sean los oligarcas del régimen, sean los «puestos» a dedo del exilio. Así seguirán, porque ahora es cuando es, y no cuando nadie quiera, decidiendo siempre en el lugar de nosotros o de otros, porque ya desigualdad y racismo no es más que un discurso inclusivo para conseguirse un Grant y convertirse en el intermediario entre el gobierno norteamericano y la tiranía.
En Cuba existe una miseria devastadora, para nadie es un secreto. Gente que vive y se mal alimenta de los latones de basura, que no reciben ni un centavo de las remesas, ni de nadie. Gente que se pierde entre tantas monedas, gente que muere sola en las calles, sentados en una acera; niños muertos a montones que a nadie les interesa, siendo como somos mitad africanos. La mayoría son ancianos jubilados, obreros, enfermos, estudiantes, que son considerados ciudadanos de segunda y hasta de tercera y de cuarta, por culpa del Apartheid inherente al castrocomunismo, y a ese otro Apartheid tan criminal como el anterior: el del olvido y el borrón y cuenta nueva por parte de una diáspora que ya no es más el exilio digno y ese sí puesto otrora para la libertad de Cuba, en lugar de puesto para el daño, el baro, la mansión, el Mercedes Benz, el rancho, las vacas, y el negocete actuando encima de los hombros de Cuba. El Apartheid en dos palabras de la Cuba INC.
Antes, nadie podía adquirir nada, ahora compran los que tengan mayores posibilidades de vivir de esa Cuba INC. Y, esos ya no son unos pocos, una élite de bichos que se retroalimenta entre sí. Algo ha variado, y es que, si hasta hace unos años todavía la gente se rebelaba, ahora con apagones o más bien alumbrones, pero una internet imprecisa, esa internet que tanto reclamó Yoani Sánchez para su bienestar y el de los suyos, ha servido para que los ¨tontolabos¨ aplaudan, chillen, se sumen a la infamia, sin más. Si no se está de acuerdo: el linchamiento verbal, la difamación, la calumnia, están al punto servidos en las redes sociales como arma de exterminación del prestigio y de la reputación. Otros se contentan con mirar y seguir de largo, no compran, pero tampoco se implican. El poder reinante les inculcó hace tiempo que así de bestial es el presunto capitalismo que les tocaría a ellos cuando el monstruo brutal enseñara sus garras. Sin intención alguna de enfrentarse a las garras, prefieren darse la vuelta y que el arañazo toque a los mejores capacitados. Ya son ciudadanos de un capitalismo salvaje de vitrina, en el que solamente vibran como observadores complacientes, como masa compuesta de placentas alternativas.
El lenguaje raulista, su método, en buena medida contribuyó a esta novedad. Impuso un maquillaje, sin expresarse demasiado, sin invertir energía personal. Raúl nunca fue ni por cercanía fraternal parecido en lo más mínimo a Fidel. Carente de carisma y de verborrea orate que hipnotizara, se dedicó a manipular en la sombra, quedándose callado actuaba mejor, infaliblemente, muy activo, redibujaba un mapa aliñado con sus chistecitos pesados, sabiendo ser astuto, entregándole el poder económico al ejército, desde aquella primera Corporación Gaviota, sin olvidar al MC (Moneda Convertible: Marihuana Cocaína) de los Generales, posteriormente fusilados tras mostrarse lo evidente del negocio de la droga, creado y amparado por ellos mismos…
Raúl Castro estuvo muy lejos de ser un mago, él mismo lo confesó, todavía más lejos de ser un demócrata como deseó el resto del planeta, ¿quién lo duda a estas alturas? Lo cierto es que sus años de gobierno no cambiaron nada más que el reducido derecho a la adquisición de una cierta pacotilla, unos viajecillos por aquí y por allá, la reactualización de la chusmería y la imposición de la misma mediante la labor de una pseudo-oposición creada a su imagen y semejanza como el discípulo que fue de Felix Dzerjinski, fundador de la Tchéka, bajo las órdenes de Vladimir Ilich Lenin.
Durante todos estos años bajo el poder de Raúl Castro y de su marioneta Miguel Díaz-Canel, ninguno ha conseguido variar nada más de lo que variaron las cosas en el año 1989, cuando se inició aquel nefasto Período de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas. Época en la que comenzó la más dura y siniestra crisis económica que ha vivido la isla a merced del desmoronamiento del bloque socialista y la demanda de ciertos sectores de la sociedad hacia cambios edulcorados y progresivos. Época que se parece mucho a la actual, pero las demandas de cambios no son diversas, sino variadas, o sea desde la varieté de un inusual reguetón patriótico.
En 1989 culminaba entonces la época en la que el negocio de la droga y de la guerra en Angola facilitaron cierto ‘confort vivendi’ a la población, a la manera de algunos países comunistas, aunque sin llegar a los “goces” de la RDA. Raúl Castro lo único que consiguió desde entonces ha sido demorar el modelo oligárquico ruso hacia una transición de los viejos Castro hacia los nuevos Castro, con una real oposición apaciguada y fatigada, y una novata e insulsa disidencia cuya permanencia moral se adapta muy bien al latigazo del dominador de turno.
La Cuba futura: el cáncer extirpa al nódulo cuyas secuelas crean otros tumores.
La familia Castro ha decidido partir mediante el túnel simbólico del ano, siguiendo el ejemplo de su amado Joseph Stalin (vean Kroustaliov, ma voiture! (1999), un clavo a lo soviet de Alexeï Guerman, realizador comunista privilegiado del régimen devenido contestatario, donde se narra la enfermedad estomacal y anal del tirano soviético). Nunca unos culos han tenido mayor impronta, aunque demorada y tardía, en la historia de la humanidad; salvo el de Marilyn, por otras razones, y ya ven cómo terminó… Pues, como terminaba todo el que se mezclaba con los Kennedy y, sino observen Bahía de Cochinos, pero ese ya es otro tema, aunque de alguna forma enlazados, porque si los expedicionarios de Bahía de Cochinos no hubieran sido traicionados por el malvado y percherista Kennedy los esfínteres de los Castro no habrían tenido que maniobrar tanto para apartarlos del poder. Definitivamente sí, nunca unos ojetes en última instancia han sido tan patrióticos y heroicos.
Por una de esas razones a los que nos conduce de manera tirante la profesión debí sonarme unas cuantas sesiones de aquel 8vo Congreso, que no ha variado de los siete anteriores ni de los que vinieron después en modo congresillos, más que en el acontecimiento -al parecer sobrenatural para la prensa internacional de que un vejete de 90 años y su ano den su consabido quehacer… El ano de Castro lo obligó a despedirse de sus múltiples cargos, aunque no del poder, como él mismo subrayó; de una aparente lejanía siguió vigilando y mangoneando. Lo otro en lo que se diferenció este congreso de los precedentes y venideros fue en que algunos de los asistentes, la mayoría, llevaba mascarilla contra el bicho maoísta del PCCH, por lo que no pudimos reconocer si eran los mismos del primer congreso o sus herederos ya crecidos, cual petulantes marionetas en idéntica línea de continuidad de la marioneta en ejercicio de desgaste; veremos hasta dónde llegará Miguel Díaz-Canel, el pelele de turno.
Un congreso insulso en el que no vimos tampoco la completa destrabazón de los negocios particulares, ni siquiera un estudio lógico del pago de los impuestos para quienes ganan muy poco y cuyos pagos son altísimos y vejatorios, abusivos. La moneda siguió siendo un desbarajuste a trote y desmoche. Los salarios más bajos de la historia de la humanidad, ni en Corea del Norte, según me explican. Los escandalosos precios de los pocos y mediocres productos alimenticios en el mercado dan grima. Los exiliados que se portan bien, o sea, que son obedientes, vuelven a ser emigrantes que costean los caprichos de los generales de ese régimen militar. Los permisos de regreso son sólo para aquellos que ellos consideren, autorizados por supuesto dentro del ‘marco’ (fea palabra) de la sumisión sin límites. El acceso a otro mundo superior dentro de la isla exclusivamente pre establecido para beneficiar a una casta, la casta comunista dirigente y sus hijos y nietos. El resto del pueblo sumido en la miseria, aunque contento y al parecer engalanados todavía con los harapos de la heroicidad revolucionaria.
Los dirigentes no paran del cacareo habitual al que acostumbraron a ese pueblo durante más de sesenta y siete años; entre ellos mismos se comen a mentiras diciéndose que no permitirán un capitalismo de oligarcas, cuando ya lo tienen en sus propias narices e implantado por ellos mismos. Y al que no le guste, tafia, muerte segura mediante envenenamiento o embestida automovilística contra un árbol. La miseria de Haití es lo que le venden a un pueblo ciego como la elección hacia un capitalismo próspero, aunque ya algunos que viajan van a suministrarse en Haití de productos inexistentes en Cuba. Pronósticos falsos evidentes, negativos, con la intención de sembrar el caos o de hundir la raíz todavía más en el menosprecio y la depresión. Entre tanto la vía de una oposición elegida -puesta a dedo por el gobierno de turno de Estados Unidos y por el mismo castrismo- que los haga parecer benditos ilustrados se acentúa cada vez más… Una oposición interior elegida, y un exilio también elegido por los lacayos de la tiranía y la casta de poder en Whashington.
O bien, como subterfugio otra vez el mantra del cúmulo de medidas que de sólo oírlas duermen hasta a las piedras. Kim Jong-un y su hermana parecieran en comparación más simpáticos, ultra modernos, o al menos más actuales, inclusive con ese pelado de Cabezaecazuela de cuando China invadió a Japón. Medidas torpes, ninguna para ganar, todas para perder, para que el pueblo pierda. No ellos, ellos ganan siempre, como quiera que se lancen los dados, ay, Mallarmé, nada abolirá el azar, ese azar del patio concurrente lezamianito de la jiribilla con guarandol.
Alguien habló en algún momento de eclosión económica al estilo Pinochet. El sujeto es chileno, Max Marambio, y se hacía llamar el Guatón, comunista pero actuaba como capitalista, debió exilarse de Cuba donde se enriqueció a costa del dolor y la pobreza del cubano. No tardó en ser entrevistado, oh, azar concurrente y ocurrente, por la agente literaria del boom latinoamericano, la sin par Carmen Balcells. Un Chile derechista lo recibió con los brazos abiertos, que si analizamos como mismo se analiza a la derecha en España, vendría quedando a la derecha de Augusto y de Franco juntos, aunque con invocación centrista, que es como se autodenominan todos, incluida la ultra centro centrista centrada Rosa María Payá Acevedo, líder de Cuba Decide, desde su exilio rococó, que aunque autodefiniéndose como la Centralita de los Centros ha hecho política muy acomodada y encaramada en los pedestales del asesinato de su padre por los comunistas, de la derecha española y de la ultraderecha también española y del resto del mundo; acomodada también a la derecha de Donald Trump chapurreó incoherencias imperdonables, que si con barcos que jamás llegan a puerto castrista se tumbaría a la tiranía, que sin pasos de cambio, cual ballerina ofuscada en puntas en el muro del Malecón habanero… Y los cometrapos del exilio ahí aplaudiendo: «¡Ahora sí, ahora sí, ahora sí… tumbaremos aquello!». Como mismo unos pocos meses atrás gritaban en la Plaza de los Escombros Revolucionarios: «¡Ahora sí, ahora sí, ahora sí… construiremos el socialismo!». No me canso de repetir que lo de Cuba da dentera, allá como acullá.
Más de sesenta y siete años y lo que supuestamente queda aguantando semejantes dramones hacia un babeante público al que no le acaban de brotar los primeros dientes… Un obrero cubano exiliado en su perfil de Facebook alertó de que esto del cáncer que se devora al otro cáncer es para que sintamos lástima, lo creo igual. Y para que terminemos por fin de aliarnos -esto lo añado yo- a esas otras secuelas tumoríficas que se avecinan: las llagas de una contemplación del dolor de los cubanos, conceptualizándolo, encasillándolo en sectores de ‘ordenativismo’ desmoralizante: «artivistas«, como ahora se les llama o se autodenominan los artistas que han decidido desviar la atención de la verdadera tragedia nacional para enfocarse a sí mismos, darle un impulso de pala al socialismo del siglo XXI o «nouveau socialismé«, en el que se vuelven a airear los odios y se reabren las heridas cicatrizadas desde hace más de medio siglo del tiempo de ñañáseré; llamando la atención sobre el papayocracismo con halitosis, la homosexualidad o viralosexualidad fluida, el racismo siempre encarado hacia un sólo color: el negro tornasolado woke.
Mediante una jerga muy poco consistente, musicalidad agregada, como mismo son los lamentables espectáculos inspirados en lo más decadente del socialismo emanado de esa parte costrosa de las universidades norteamericanas, un izquierdismo churroso estructuralizado (estructuralista actualizado) referenciado más tarde por las acomplejadas ‘damiselas’ de la intelectualidad europea. Un espectáculo en el que esclavo se autointroduce en el mismo garrote vil que le prestó el museo de la tiranía, se coloca él mismo (o un subalterno) las esposas del verdugo. Un segundo protagonista se supone que se autoinmola y obliga a inmolarse a sus seguidores durante una huelga de hambre de pasarela y a la carta… El ajte del artivista, cada vez más feo y anodino, maniqueo plagio del más achocolatado Disney, supera aquel espantoso agujero blanco en una pantalla negra de la conceptual tribalista Tania Bruguera, la sexualista pieza de cambio asambleísta, que nos hace ver al más mediocre como al Leonardo Da Vinci de la suposición tardía y del exilio de socialité.
Menos mal que todavía queda un Michel Houellebecq o un Jean Sévillia para sopapear a semejante gentuza… Aunque ni siquiera los leen en su idioma original.
La Cuba futura: «El cambio ya fue».
¿Quiénes entonces poseen alguna respuesta a la interrogante de si en Cuba habrá un proceso de transición pacífica, que no quiere decir que sea un proceso digno, pudiera significar todo lo contrario? La respuesta la tienen: la familia Castro, los dueños de la isla, la oposición fabricada a su medida, y el nuevo exilio reguettonero e influenHeces(ro). La respuesta de ninguna manera la tiene el pueblo cubano, tampoco los verdaderos disidentes y opositores, y mucho menos el exilio histórico, el digno exilio. El gobierno norteamericano, como siempre, desde lejos contempla la pachanga y el relajo sin inmutarse, pese a que fue Estados Unidos quien no sólo permitió, impuso esta tiranía en Cuba, con la anuencia de un pueblo equivocado y bastante poca cosa. Pero, serán solamente los Castro quienes decidirán mediante supuestas conversaciones o negociaciones, quién lo sabe, visto lo que estamos viviendo, si los cambios «estructurales» anunciados hace tiempo por Castro II se transformen en libertad plena y radical, y no «espectaculares» dentro de la expectativa de una oposición creada a la medida, los que pondrán fin a una época de penurias económicas; lo que a mi juicio es poco probable en breve tiempo.
Por el momento aconsejo: no alberguen demasiadas ilusiones en el terreno de la democracia y las libertades. No esperen nada para el pueblo urbano y mucho menos para el campesinado. Una vez que la pacotilla sensacionalista invadió los cerebros, aguándolos con imágenes de celulares, arroceras, y toda la parafernalia prometida, el objetivo de libertad absoluta si alguna vez lo imaginaron se transformó en pena pasada. ¿Alguien querría mañana levantarse, dirigirse a la Plaza Cívica, y gritar a todo pulmón «¡Viva Cuba Libre!» sin que lo encarcelen, sin que la policía política se atreva a cuestionarse libre de qué… del imperialismo, o de qué…? Los refranes de «Díaz-Canel singao» más recurrentes en los últimos tiempos dan la medida de que todavía no existe un pueblo preparado para vocear «¡Abajo los Castro!» e irse a reconstruir sus vidas Y cuando me refiero a los Castro incluyo desde luego a Alejandro Castro Espín, a Mariela Castro Espín, a todos los Castro, los viejos y los nuevos, a sus nietos, bisnietos, y sobrinos nietos. Porque no olviden que inclusive con Mariela se tiraron sumisos en plancha, o corrieron detrás de cualquier conga pajaril.
Resulta curioso, cuando se tocan estos temas cuestionándolos, viniendo de mentes y bocas cubanas, suena a pasión, a sinrazón, sobre todo a trastorno de la psiquis. A todo suena, menos a patriotismo natural.
Hace años, leí también que un músico cubano llamado Elvis Manuel se hallaba desaparecido después de un intento de fuga del país en una averiada lancha. La embarcación por fin fue encontrada vacía, pasaron varios días en que no se sabía si el joven muy popular en las televisiones miamenses -hoy olvidado, como tantos- vivía o no… Su madre había conseguido subirse en otra lancha; sin embargo, un escampavías norteamericano la interceptó y la devolvió a Cuba. Nada más, fin de la historia; la que si hubiera sido protagonizada por un marroquí en una patera diera para unas cuantas películas hollywoodenses y varios premios Goyas y hasta numerosas estatuillas de los Oscar. Pero con los cubanos nada es igual, nada cuaja; nuestro dolor ha sido no sólo ignorado, ha sido cruelmente vejado. Hasta de los venezolanos hacen películas, como la reciente de la Fundación Disenso sobre María Corina Machado. Llevamos más de sesenta y siete años soportando estos dramas. Miles y miles de víctimas, muertos devorados por los tiburones, fusilados, desaparecidos, ametrallados, como los recientes jóvenes patriotas, entre los que iban obreros, campesinos, y un poeta…
¿La culpa es como dice el mantra castrista del «imperialismo yanqui»? ¿Huyen los cubanos de ese imperialismo o por el contrario nadan desesperados a cobijarse bajo su protección? ¿Se han reconocido nuestros desaparecidos, nuestros ametrallados sin juicios? No. Son personas que como todos tuvieron sueños y esperanzas.
En un vídeo que encontré en YouTube, el joven músico Elvis Manuel, junto a otros jóvenes, canta, improvisa… Uno de ellos sostenía dos teléfonos móviles, se podía ver también una computadora medio desguasada, aunque funcionaba… Por lo visto, aquellas nuevas y hoy caducas medidas raulistas impuestas por Raúl Castro, y por José Ramón Machado Ventura como su caótico segundo extremista al mando, y la ralea de militares de toda la vida, no detuvieron a Elvis Manuel a la hora de lanzarse al mar. Por lo visto, Elvis Manuel buscaba otra cosa, anhelaba la libertad. Buscaba un sitio en el que su creatividad prosperara bajo libertades cotidianas. Sin embargo, en la actualidad Elvis Manuel ni siquiera es recordado por los de su propio gremio, supuestamente el de la cultura, ni en el exilio, porque no llegó a la otra orilla ni pudo ganarse el honor de ser un exiliado.
No estoy de acuerdo con los que afirman que la oposición y el exilio más reciente han sostenido una posición férrea frente al inmovilismo de La Habana. Más bien se dejaron arrastrar por ese inmovilismo y se han acomodado a las prebendas que la Cuba INC. de un lado como del otro otorgan. La posición de los últimos exiliados -¿emigrados?- ha variado mucho de la de los primeros y de la del digno exilio de cualquier época. Han puesto en discusión numerosos proyectos reales y exigentes con relación a la tiranía, para imponer los más descabezados, flojos y furrumalleros, por no decir, consecuentes con la tiranía misma. El diálogo de una manera u de otra se ha establecido, y qué mejor que aparentar que se hizo y se hace mediante una discusión ilusionista, un tira y afloja, un huéleme el nabo aquí y allá…
Muchos nos enfrentamos a cualquier diálogo, tenga el rostro que tenga. Con los Castro no se dialoga, hemos repetido una y mil veces. Empezando porque ellos mismos no están interesados, y después porque si lo estuvieran sería una traición imperdonable de nuestra parte a nuestros muertos. ¿Dialogaron los judíos con sus verdugos nazis? De ninguna manera. ¿Olvidarnos del derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate justo cuando el ex presidente Bill Clinton hacía sus fintas para suavizar el embargo o boicot comercial mientras introducía un puro habano en las partes íntimas de una becaria, y se vestía con un vestido azul ceñido de mujer para una obra en la sala de una de las mansiones del pedófilo Jeffrey Epstein, en una de cuyas mansiones, la de París, Fidel Castro se retrató dejándose besar por la misma chica enlazada por la cintura por el Príncipe Andrew, la que le daba masajes en la espalda a Clinton? ¿Dónde quedaron las víctimas del Remolcador Trece de Marzo en sus memorias, la masacre del río Canímar? ¿Y el resto…?
Ninguno de los proyectos melosos de una supuesta oposición y de un exilio doblegado le ha valido a los Castro. Del otro lado de la mesa a la que se sentaron los traidores, la ausencia, la callada o la chusmería por respuesta… La oposición y el exilio debieran continuar dentro de su diversidad exigiendo libertades y democracia, con justicia republicana y Constitución revalidada mediante. Es el único modo de garantizar la puesta en marcha de un cierto respeto mundial frente a nuestro dolor, y no al revés. Es una deuda pendiente de nosotros con nosotros mismos, luego con el mundo. Con esa deuda saldada continuaremos hacia un limpio trayecto en el que al final nos espera una sociedad más justa y más libre. Debiéramos leer, estudiar más a Leví Marrero, cuya obra entera demuestra que desde el exilio han existido y existen propuestas económicas y políticas muy sólidas y liberadoras.
La oposición y el exilio auténticos están en su derecho de no reconocer el diálogo con el régimen raulista, de negarlo de tajo. Reconocerlo enmascarado tras sus variadas marionetas se llama traición. Durante todos estos años una parte de la oposición ha enviado cientos de cartas al régimen para demandar un cambio, ninguna ha sido contestada. Recuerden la famosa del Proyecto Varela, la Protesta de los Diez, La Patria es de Todos… La única respuesta ha sido la represión, el encarcelamiento, el asesinato político.
La fuerza moral está de parte de la oposición real y del exilio digno, del sacrificado pueblo cubano. La clase dirigente no posee ni siquiera la fuerza económica y mucho menos la política, sólo cuentan con el terror y la presión represora. Esa fuerza represora y el terror debieran desaparecer de cuajo, y se debieran poner en función de la fuerza moral el resto de las fuerzas. ¿O están muy atareados en adoctrinar a una parte del exilio con plebiscitos vinculantes, falsas huelgas de hambre, fetecunes y perfomances, tipo Planes de la Calle pioneriles castristas? ¿O siguen algunos, esos que al descaro declaran en las redes sociales que «el cambio ya fue» mientras se enriquecen como mismo hace la tiranía con el dolor de los cubanos, muy ocupados en dar una imagen de que el capitalismo a la larga tampoco significa libertad sino se posee la suficiente pacotilla hojalatera y brillosa, de lo que tanto huyó el más grande de todos los cubanos, José Martí?
Como ven existen más interrogantes que presunciones y propuestas. Quizás todavía no se han sabido valorar las proposiciones del digno exilio y de la real oposición interna, y varios sigan abrumados con las ofertas del Cuba INC. a la expectativa de lo que dicta el buró político y sumándose a la eterna conga del Consejo de Estado, y del gobierno estadounidense.
En mi caso particular sólo admito una idea de la libertad, de un estado de derecho, de justicia; porque supongo que sea el único modo de dejar de ser sólo seres cubanos para por fin convertirnos en seres humanos.
En la antigua Roma a los esclavos se les saciaba el hambre, como a los esclavos de cualquier continente se les saciaba el hambre mínimamente, hasta un punto, en los barracones, con dietas que cuidaran de su salud, las que por cierto ya quisieran tener los cubanos actualmente; pero seguían siendo esclavos porque no eran libres de acción ni de movimiento, y mucho menos de pensamiento. Esto no va de color de la piel ni de preferencias sexuales. Esto va de comunismo, un sistema que aplasta a todos los seres humanos por igual sirviéndose de la venganza, y sin vergüenza. Ojalá que los cubanos puedan saciar su hambre histórica estomacal, pero que logremos por encima de todo que puedan saciar su sed de libertad. Que puedan apreciar la vida de manera natural y libres, como en aquel poema dedicado Al Cauto, cuyo autor es Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria:
«Así es el hombre. Entre caricias nace;
risueño, el mundo al goce le convida;
todo es amor, y movimiento y vida.»
Zoé Valdés es escritora y artista. Fundadora y Directora General de ZoePost y de Libertad de Prensa Foundation Corp. Fundadora Delegada del Movimiento Republicano Libertario Martiano.